martes, 26 de junio de 2012

Gladiador a la española


(dedicado a Rafapal)

Rigor solar, aridez. El hombre de turbante blanco, rodeado de automóviles, pancartas y aparatos de sonido, jugaba a predicar en el desierto. Lo femenino ausente, motivo de su querella, empezaba a rebelarse hasta acá, del otro lado. Del charco y de la pantalla.

Con la izquierda sostuve el audífono. Con la diestra, moví el mouse para que la imagen durara veinte minutos más. Besé con voracidad cada palabra salida de su boca: Al sistema le interesan los eunucos…  La testosterona es insumisa, por eso dicen que es mala, y como yo no quiero ser de los malos, ¡pues me hago mariquita!... ¡Nos han jodido!...  Cuanta más homosexualidad hay, peor están las relaciones entre hombres y mujeres… así que adiós, voy a meterme en el armario…

En las pancartas, destacaba el anuncio de una empresa que no llegó a constituirse por problemas entre los socios: Demoliciones Bu$hladen, S.A. Los cuatro vientos leyeron que Es el año 007 de los Iluminati, Bilderberg… Gracias al terrorismo, la pobreza no es problema… y como los cuatro vientos nunca soplan donde es pertinente, no tuve cabeza fría, no entendí  por qué, gracias al problema, la pobreza no aterroriza, ni aterriza…

La progesterona tampoco es dócil.  Asistí al hecho porque quise tener entre las manos esas mejillas impecables.  Busqué reflejo en los ojos tristes, fuertes, escrutadores. Ya no pude tener ni una duda cuando quise adivinar su olor, me vi acariciándole el cuello y conté, como si fuera un rosario, los eslabones de la cadena que sostenía su dije.




 Click del mouse. Enfundado en un abrigo gris y unos gruesos pantalones negros, el hombre del turbante blanco había pasado a ser de la boina roja. Pensé en un gorro frigio. Y tuve la frivolidad de traer a la mente una música de zarzuela, mientras en el vídeo, toda la gente marchaba en protesta por el 11M.

Por la calle de Alcalá/ con la falda almidoná/ y los nardos apoyaos en la cadera/ la florista viene y va/ y sonríe descará… se confundió con los gritos ¡NO FUE LA ETA, LO HIZO LA OTAN..!

Una vez más, me di banquete de palabras: Pues yo soy Rafael Palacios, me conocen como Rafapal en Internet, y bueno, hoy es el día que la derecha y la izquierda se unen, en este caso en España, para decir qué es la verdad de qué es lo que pasa con el terrorismo… El buen mozo no me ve, ni me dice venga usted a ponerme en la solapa lo que quiera…

Otro dedazo. Sin gorra ni turbante, en su palacio, tal como dijo la reportera que lo entrevistó, parecía un rey. Con ropa cómoda, de invierno,  sentado con las piernas cruzadas, en una posición de yoga cercana a la flor de loto, amenazó con levitar por encima del sofá.  Entonces, decretó: Cualquier dios que se diga como tal y que solo sea dios para un cierto grupo de personas, ontológicamente no puede ser el dios verdadero. Flechazo. Directo y a la cabeza. Hice a un lado cualquier pensamiento de celos. ¡No era yo la mujer que estaba sentada a su lado en el vídeo, y punto!

Hay algo de verdad en lo que escuché de la fobia al sexo opuesto. Y a las jerarquías. Pero más enseñaron con sus cuerpos. Ella, con la pierna izquierda cruzada sobre la derecha, avanzó en el diálogo con su muleta de cambiar un poco de tema, y ya para terminar un poco, y el micrófono, como la florista de Alcalá, iba y venía. La reportera hurgó en el ambiente con la mano libre. Hizo juegos malabares y encontró nuevas ideas para seguir conversando.




Mi amigo el mouse, me llevó a otro sitio. Una entrevista del hombre de mis deseos a un argentino raro. El único humilde que debe existir. Rafapal formuló la primera pregunta para José Luis Parise: Bueno, eh… estamos en el dos mil once… el dos mil diez fue el… yo creo, el Año Nassim Haramein en las redes de conciencia…  del planeta, pues apareció ese… ese ser, con esa cantidad de información a caballo entre la ciencia y la mística y… bueno, aquí como en el mundo, digamos…

¡Nassim! ¡Haramein! Dos palabras que me sonaron a clave, ¡del árabe o del hebreo! Las conversaciones entre hombres suelen ser herméticas y las mujeres, a menudo, tenemos que violar el hermetismo.

La entrevista, pese a estar publicada en Internet, era muy íntima. Tuve la sensación de estar escuchando detrás de la puerta algo que no me correspondía. Es delicioso oír hablar a los hombres. Y doloroso aceptar que nunca han departido con nosotras con ese mismo respeto.

 Nassim Haramein es un fisicomatemático suizo que da conferencias por todo el globo terráqueo acerca de fractales, geometría analítica y todas esas cosas por las que me reprobaron en preparatoria. Él habla de átomos y física cuántica como si estuviera dando una función de comedia stand up.  Si los profesores fueran así de divertidos, no se si a todo mundo le gustaran los números, pero estoy segura de que nadie reprobaría.


La entrevista Parise-Palacios transcurrió serena. Rostros complacidos, sonrisas, interés mutuo, cercanía emocional. Ambos narraron anécdotas de sus respectivas iniciaciones en el camino del conocimiento esotérico. Tuvieron encuentros significativos con animales. José Luis con un toro y mi amor platónico, en su viaje a La India, con un mono que se comió la punta de uno de sus zapatos. Empecé a imaginar dónde le hubiera dado a él la mordida, de haber sido yo ese animal.

Cambió la imagen. Y el audio. Un alarido puso ante mí a Rafapal con el torso desnudo, acostado en un tapete sobre dos tablas.

El psicólogo venido a curandero, le pasó las manos por encima de los ojos, ¡y lo cacheteó! No lo podía creer. El hombre especializado en armar pollos en los aeropuertos, bramaba, obediente, ¡y se dejaba golpear! ¡Tenía que entender por qué, aunque eso implicara olvidar la fantasía de hundir la nariz en el vellón de su panza! Aunque ya no le pasara los labios por ahí del ombligo… ni acariciara su cintura…

 Antonio Calderón pasó una y otra vez las yemas de los dedos en el cuerpo rafapaliano, hasta que salieron vivencias de otras épocas: latigazos en la espalda, a la altura del hombro derecho,  huellas de una cuerda en el cuello y un hachazo por el rumbo del diafragma, todo eso recibido y soportado como combatiente.

Rafael Palacios mencionó a Espartaco. ¿Quién pudo haber sido, si es que vivió en ese tiempo de esclavos y gladiadores? Mi cachondez propuso que me sintiera Varinia, que me asumiera acostada bocabajo, sobre él, y le susurrara al oído: Aguanta, aguanta un poco, que te lo quitan de una vez y por toda la eternidad…


martes, 20 de septiembre de 2011

Palabras de órdago.

C
Cabra

"Se le van las cabras". En la familia no era habitual esta expresión, en realidad ni siquiera se le conocía. La oí decir fuera de casa. Se dice de todas las personas que enloquecen y se dice así, que se les fueron las cabras. Viéndolo bien, es una expresión dulce y decente.

Como nosotros estábamos locos, pues fácil es suponer que ni siquiera nos diésemos cuenta de que nuestro ganado se había ido a pastar a quién sabe dónde y cuando reparábamos en que faltaban algunas cabezas, salíamos a buscarlas. Entonces aparecían animales de todo mundo, menos los nuestros. Esos, si no regresaban solos, eran hallados por la mamá o la tía, y si eran cabras confidenciales, se armaba la de Dios es Cristo.

Lo mismo ocurría cuando mis hermanos o yo encontrábamos algún ejemplar desbalagado de la abuela o de papá. Nos ponían como campeones por estar descobijando en público a los próceres insignes del recinto familiar. Pero eso nada más ocurría cuando intentábamos hacer cambalache. Ya se sabe que, entre hermanos, los pleitos están a la orden del día.

Con la prohibición de cabrearse convivíamos cabreados, en atmósfera cabreante. Tuve que ser muy cabrona para ya no pastorear, pues a aquel que decidía que no quería ser cabrero, le daban de cabronazos o se iba de cabroncete a encontrar un cabronzuelo, muy cabronamente dócil, o dócilmente cabrón.

Se sabe ya que las cabras son mamíferos, rumiantes. Se dice que son rebeldes, ¡pero si son de corral! Igualito a ser borrego, pero con cuernos y ya.

miércoles, 27 de julio de 2011

Dos que tres mensonerías

Una sociedad secreta que solo existe 
en la imaginación colectiva 
es tan importante como la que responde 
a una realidad específica. 
Jean Robin.
                                                                                                    
El nacimiento de una sociedad secreta pretende satisfacer necesidades de orden mítico y reflejar, en nuestro aquí y ahora cambiante e ilusorio, un más allá inmutable. El aspecto tenebroso que suele adjudicársele a una agrupación de esta índole, depende del inconsciente colectivo, pero en los países que profesan la fe católica, donde la masonería ejerce una enorme fascinación en las altas jerarquías sacerdotales, la noción de que es pecado militar en ella, entra en conflicto con la idea de que no se puede progresar en lo económico y lo social si no se busca la pertenencia al grupo adecuado.


De acuerdo con Jean Robin, hay dos tipos de masonería: una auténtica y realmente liberal y otra creada por las altas jerarquías católicas para preservar su poder, luego entonces, las sociedades secretas católicas se formaron con fines teocráticos,  hegemónicos y excluyentes. En ellas no puede estar nadie cuyas vidas, conductas y profesiones se encuentren fuera de los cánones de moral dictados por el Vaticano. Son poderosísimas, al grado que en ciudades enteras han creado entornos culpígenos, que son causa de que la gente busque, a toda costa, negar y omitir para dar la apariencia, donde la única certeza que se tiene es que en cualquier descuido, se recibirá maldad de la gente.
         
En la época del gran furor esotérico, es decir a finales del siglo XIX y principios del XX, gobernaba en México Porfirio Díaz, todo estaba afrancesado y es muy probable que las sociedades secretas mexicanas de aquellos años, católicas o no, hayan recibido la influencia de grupos como “El Abetal”, de maestros como René Guénon, mentor de Jean Robin.
         
A pesar de que ya se le había dado muerte a Maximiliano, de que Ignacio Zaragoza había ganado la batalla del 5 de Mayo y la Guerra de los Pasteles había quedado en el bote de la basura, Francia y lo francés continuaban vivitos y coleando en los corazones de México y los mexicanos.
         
Creo que la causa por la que es tan inquietante la idea de una sociedad secreta, radica en la imaginería popular. Una de las fantasías que circulan  consiste en pensar que al aspirante se le dice que el contacto con el grupo no lo hará rico ni poderoso y, sin embargo, los antiguos, a medida que van subiendo de grado, obtienen riqueza y poder.
         
No se puede negar la influencia de estas asociaciones aún entre los que no pertenecemos a ellas, ¿cuántas personas no van por la vida diciendo que no quieren o que no les interesa precisamente aquello que andan buscando y a lo que dedican todos sus esfuerzos?
         
Las sociedades secretas han existido desde tiempos remotos porque, para las clases que detentan el poder económico y político, ha sido imperativo ejercer un control sobre la gente, a veces, incluso, sobre reyes y señores feudales. El motivo que las ha gestado es buscar la eficacia en los medios de control que se vayan inventando. Su verdadero papel es el de guardianas del ascenso social, encargarse de frenar o permitir el paso de quienes convenga.
         
De los libros que hablan de ellas se desprende que, cuando es posible decir algo con conocimiento de causa, es porque el grupo reseñado fracasó en la misión que le fue encomendada; no se percibe una intención de desenmascarar para destruir, sino nada más medio explicar cómo están hechas la trama y la urdimbre, y que cada lector vea, o se imagine, en qué sitio está parado, pues el mundo heredó, en todas las actividades, la forma de ser y comportarse de una suciedad excreta.




miércoles, 25 de mayo de 2011

Palabras de Órdago B

Palabras de Órdago B

Bárbaro
Escuchar “¡qué bárbaro (a)!” en casa, era la señal de que algo estaba pasando. Cuando no era mi madre, eran las tías y si no, las sirvientas. Como lo decían siempre que les impresionaba algo, entendí que bárbaro es lo que destaca. Por muy bueno, o por muy malo.
Curiosamente, papá y Alejandro jamás la pronunciaron. Creo que para ellos nada era bárbaro. Tal vez tenían chance de usar expresiones más enjundiosas. Para ellos, los hombres tenían derecho a las groserías, siempre y cuando las dijeran con cara de palo.
El acabose fue cuando tuve, en la escuela, una compañera Bárbara. Nunca entendí por qué sus padres le pusieron así. Hay nombres propios que más parecen apodos. La misoginia se manifiesta en formas muy sutiles. No es gratuito que una palabra que significa formidable, extraordinario, extranjero, inculto, grosero y cruel, sea nombre de mujer.

Barrio
Para mamá sería una ofensa si yo hablara del barrio en el que vivo. Siempre se nos dio a entender, a mis hermanos y a mí, que un barrio era un lugar pobre y que toda la gente que vivía en un barrio era menesterosa y desgraciada. Peor tantito cuando me di cuenta de que a los panteones les dicen “el otro barrio”. Mandar a alguien al otro barrio significa matarle.
Las palabras se vuelven groserías en la proporción en que sacan a relucir situaciones de carencia económica, afectiva, o simplemente, no tener vida.

Bemoles
En música, “bemoles” son las notas intermedias en una escala ascendente. Cuando la escala va en sentido contrario, esas mismas notas se llaman “sostenidos”. La presencia de bemoles y sostenidos en una partitura, determina el grado de dificultad de ejecución de una pieza.
En casa se usaba la palabra “bemol” para remarcar que algo era difícil de conseguir. Al oír hablar a los adultos de la familia de cosas que tienen bemoles, me echaba a temblar. Creo que eso fue lo que cooperó para que no pudiera aprender nada de piano, pues al decir la maestra, en la escuela, “¡fíjate bien, aquí tiene un bemol!”, yo ya no ataba ni desataba. ¡Y pensar que en casa nunca vieron el tablero completo! En la vida todo tiene bemoles y sostenidos, pero no es nada que no podamos resolver.

Barbaján
En casa había tal violencia, que creía que esta palabra era el nombre de papá. De acuerdo con el diccionario, todavía en mis años de infancia se usaba en México y Cuba para referirse a un hombre rústico, es decir, un campesino.
Hoy en día poco se le oye y cuando alguien la dice, es para señalar a un hombre grosero y desconsiderado en su trato con las mujeres. Que ese era el significado con el que más me familiaricé, mamá se encargó de ello.
Papá era hijo de campesinos. Ricos, pero no urbanizados. Al venirme a la mente la cara encabronada de mamá llamándolo barbaján, ya no se si en verdad le reclamaba por alguna grosería o simplemente le estaba echando en cara su origen campirano.

Bestia
Se dice de la persona cuyos atributos son el uso de palabras o modales groseros, echar mano de la fuerza antes que de otra cualidad. Torpeza e ignorancia. Dominado por cualquier instinto.
Se usa como insulto para destacar cualquier detalle que acerque al insultado a la condición de animal. Luego entonces, el regalito puede llevárselo quien tenga robustez, fuerza y una gran musculatura, impulsividad, ¡cualidades a lo bestia!
Papá y mamá hacían mucho hincapié en la nutrición, en lo que nos daban de comer, en lo fuertes y bien dadotes que estábamos mis hermanos y yo. Para ellos éramos tremendos, descomunales, magníficos, extraordinarios, impresionantes, formidables, estupendos, para bien o para mal. Y teníamos que ser forzosamente bestiales. Las medias tintas ahí jamás funcionaron.

Braguetazo
Golpe dado con la bragueta. En realidad esa es la definición tal cual. Nada tendría qué ver la boda de un hombre pobre con una mujer rica y/o de clase social más elevada, si “Braguetazo” no fuera derivado de bragueta, que es la abertura del pantalón, palabra embarrada de un tabú, por que da la casualidad de que la abertura, en pantalones para hombres, es delantera para que ellos no tengan dificultades al momento de orinar, un motivo práctico.
¡Pero qué caro ha pagado “bragueta” el haber sido designada la puerta de fácil acceso a los genitales masculinos! Eso ha convertido en groserías a todos los miembros de su familia. Ser un hombre de bragueta, por ejemplo, tiene dos significados: cogelón o muy valiente. Y como ya conocemos la inclinación de los seres humanos por señalar el defecto, pues el concepto más socorrido es fácil de suponer. Lo mismo ocurre con “braguetero”. ¿Por qué quiere decir lujurioso o mujeriego, si bien podría ser obrero especialista en la fabricación de braguetas?
En corte y confección, tienen bragueta las faldas además de los pantalones y no solamente es la abertura delantera; puede ir a la izquierda o por detrás.

Bruto
En una familia como la mía, el que se conduce con brutalidad es quien llena las expectativas de lo que mamá, o papá, o cualquier adulto, espera del comportamiento de un menor. Aunque se plantee la alternativa de ser muy neto, se procede a la exclusión de quien la elige.
En la vida también se precisa del adorno, de la parafernalia que ayude a salir por peteneras, para ser irracional cuando conviene y brutear un poco, o más bien, hacerlo en la medida que se quiera parecer intelectual.
Mis hermanos y yo no fuimos en realidad hijos de familia, sino más bien una especie de producto interno bruto. Diamantes en bruto, decían a veces mamá y la abuela, cuando trataban de convencernos de que éramos necios, incapaces, toscos, pero eso sí, ¡brutales!

Burrada
Papá me enseñó la palabra. Para él, todos mis alcances se reducían a hacer burradas. Mis logros no podían tener otro nombre. Entonces, lo comencé a burrear. Lo supe la primera vez que lo imité y mis hermanos me servían de público. Aún conservo la posibilidad de hacer la voz que me sirvió para arremedarlo: “Además, yo no estoy pintado. Me tienen que pedir permiso”.
Mis hermanos tenían los ojos del tamaño de un plato cuando llegó papá. Todo se esperaban, menos lo que pasó: estaba muerto de risa, pero quería parecer enojado y entonces dijo: “Muy bonito”, me dio un beso y nos llamó a cenar.

Buscona
Esta palabra pertenece a la familia del verbo buscar. Es claro, entonces, que todavía está muy mal visto que una mujer haga diligencias para encontrar algo, porque puede resultar irritante y provocar el caos en la vida de quienes la rodean.
Especialmente irritante y provocativa para los hombres que se acercan con intenciones ocultas, porque quieren las ventajas de tener una compañera, pero sin asumir los riesgos de la convivencia.
Indagar, pesquisar, explorar, registrar, hurgar, sondear, investigar, inquirir y escudriñar son cosas que una no debe hacer, so pena de perder el estilo, ¡dejar de ser femenina y decente! Pero sin una ración, aunque sea pulguística de busconería, no habría mujer que tuviera oficio al lado de ningún señor.

domingo, 15 de mayo de 2011

Las muertes de Ilhuitlaltepetl

En ese Pueblo de Fiesta hay muertes que lamentar. Son cuatro. Están en un altar grande que antes era de la Virgen. Ya no sé si realmente tienen o soy yo quien les atribuye algo maligno, porque sentí raro y feo al contemplar las estatuas, vestidas dos de ellas con ropas azules y doradas con tocado y encajes. Esas imágenes tienen, además, sendas pelucas Las otras están calvas; una se viste de rojo y trae el mundo en la mano izquierda y la otra, vestida de fraile, con una guadaña en la mano derecha.

Ni punto de comparación con las calacas de chocolate y azúcar que comemos el Día de Muertos. Nada qué ver con las ofrendas del 31 de octubre al 2 de noviembre, para conmemorar a los muertos y recordar que nosotros también moriremos el día menos pensado. Estas muertes no tienen nada de chusco, no me imagino a la Catrina ni a ninguna calaca de José Guadalupe Posada encaramada en semejante nicho, con una ofrenda por demás deslucida, no importa que haya manzanas embadurnadas con miel, agua, incienso, comida chatarra, alegrías cocadas, palanquetas y pepitorias, vino, veladoras, aguardiente. No había cempasúchiles; ni siquiera un arreglo de funeraria. El papel picado brilla por su ausencia, ¡qué lejos del colorido de las tumbas de Mixquic! Hasta las veladoras se perciben apagadas, con todo y que tienen flama.
Me quedé un ratotote para saber en qué estribaba lo feo, qué era exactamente lo raro que sentí, me quedé en Babia. Cuando un ser humano o un animal muere, al terminar el proceso de descomposición del cadáver nada más permanece, casi intacto, el esqueleto; por eso ha pasado a ser la calavera pelona el símbolo de la muerte, pero la muerte no es buena ni mala. Es un fenómeno natural.

El emblema de la calavera y los fémures cruzados en medio de una bandera negra, era la insignia universal de los piratas. Es dibujo que aún se usa en los frascos de veneno para advertir el peligro de muerte. Las amenazas de esa índole son el “ábrete sésamo” de los delincuentes.

Morir es un verbo y puede ser conjugado en todos los tiempos y personas. Es una especie de superlativo sin la partícula muy o la terminación ísimo: al morir de ganas de algo, no hacemos más que buscar imperiosamente restablecer las condiciones que nos permitirán seguir vivos; no es más que desear algo con toda la fiereza que nuestra vitalidad nos permite. Cuando estamos muertos de algo, estamos más vivos que nunca.

La Santa Muerte, la Mujer Inviolada, bueno, sí es una virgen, pero, ¿santa? ¿A santo de qué? Sí que conviene escuchar el testimonio de aquellos que se han convertido a ese culto; revela cosas interesantes:

“Cuando me critican, les digo que nadie va a disponer de mi vida sino Dios y que la Santa nos va a llevar a todos”, “Mi marido estaba a punto de morir, pero gracias a Dios y a ella se salvó”, “Ella era antes un ángel de Dios, pero cuando se llevaba un alma sufría mucho y por eso Diosito la hizo así, sin ojos ni oídos, para que no viera ni oyera nada” ¿Cómo es entonces que oye las plegarias de la gente y ve los sufrimientos en el mundo? “Ella se pone triste cuando la usan para el mal”, ¡pero concede lo que se le pide! ¡Qué cómodo! Convertirse a una religión en la que jamás se corre el riesgo de ofender a la deidad; nada más se la entristece, como a cualquier persona enferma, que no dice ni hace nada y acepta maltratos, rechazos, y se deja utilizar.

¿Qué tan bueno es poner a la Muerte como el sustituto de todas aquellas personas o cosas con las que podemos obsesionarnos y hacer de ello una religión? ¿Servirá de veras para revertir las tendencias de una personalidad enfermiza? A la Santa Muerte se le reza; a las personas se les dice lo que quieren oír, a la Parca se le hacen ofrendas; a la gente regalos. En toda relación patológica hay objetos que sirven de ancla; en la religión hay imágenes bendecidas, veladoras, misales, escapularios, amuletos, escudos simbólicos que nos hacen sentir que el santo de nuestra devoción nos cubre las espaldas.

Una versión moderna del escapulario puede ser el chaleco antibalas que usan los policías, que a la hora de los cocolazos nomás les sirve de adorno y a muchos de ellos, les queda más de brassiere.


miércoles, 4 de mayo de 2011

Mi puerta de entrada al mundo

Cuando supe que mis padres habían vivido en la Roma en la época en que me esperaban, comprendí por qué esa colonia me gusta.
         Aunque el parto de Esperanza fue atendido en un hospital ubicado en San Miguel Chapultepec, a un pasito de Tacubaya, siento más bien aversión hacia ese rumbo. Mi nido son esas calles con nombres de estados y ciudades de mi Patria.
         Me gusta su imagen: glorias pasadas y blasones carcomidos por las ratas; fantasmas de riqueza que pululan en el viento. Camino por las calles y contemplo vetustas mansiones convertidas en vecindades.
         Imagino, como si recordara, a los ricos porfirianos: entran y salen de las casas, abordan carruajes, presumen corpiños, polisones, abanicos, fistoles y levitas. Los que montan a caballo vienen caracoleando y las manos enguantadas se mueven en un saludo que encubre la sonrisa despectiva.
         La pobreza y la opulencia son comadres que se ven de vez en cuando y se saludan de beso. Una envidia lo estirado; la otra quiere libertad y se hieren con los ojos o se matan con silencios. Esos rotos y catrines que no nos pudieron ver, ¿nos podían imaginar?
         Mi puerta de entrada al mundo fue la colonia Roma. Dicho al revés: se ama al prójimo, a sus bienes y a uno mismo. Se ama al perro, al indigente y a veces, se finge amor. Tal vez no he sido querida, pero ahí me quiero ver. No siempre vivo feliz, pero ahí pude ser yo.

lunes, 18 de abril de 2011

Ilhuitlaltepetl


El paradero Indios Verdes es mi aeropuerto; me gusta despegar y aterrizar ahí. Lo alegre y lo enojoso se dan la mano como en ningún otro sitio. Es una mezcla de Mercado de Taxco y Terminal de autobuses.
No sé si sea por la cercanía con la Villa o por ser una salida del Distrito hacia el norte, pero la gente parece volverse etérea; angustiosamente audible, mañosamente tangible, jocosamente visible, completamente volátil.
El intercambio, carga y descarga, transitan pasajeros, suben, bajan maletas, pregones, musicotas tropicales, guapachosas, románticas, guitarreras. Vocejones preguntando “¿qué va a llevar, qué le damos?” Llantos y risas de niños que juegan a grandes y desalmados.
Acá, las tazas de porcelana repletas de chocolates; junto están los pergaminos con los poemas de amor: algunos chatos, otros, de plano desnarigados. Los muñecos de peluche me sonríen y yo quiero ser solemne con los cocteles de frutas que las abejas, voraces, acaparan para sí.
En las micros de Insurgentes, nadie sabe que Ilhuitlaltepetl existe: todos creen que es Indios Verdes.
Lugar de la Fiesta Eterna, deberían decir los camiones que llegan desde San Angel. En la avenida Montevideo se empieza a sentir la gresca que se desborda en festejo y en el toma y daca de moquetes, y en la lucha continua por bailar la misma danza: por estar cada quién a su manera sintonizado en vivir, recibir y dejar ir.
Remolino de inquietudes, puertas de entrada y salida, mundos que vienen, o huyen, que nunca se van a ir.