lunes, 10 de septiembre de 2012

Las fiestas "parias", una crónica irreverente


Celebradas el 15 y 16 de septiembre de cada año, en el 2009 estuvieron adornadísimas por la amenaza de influenza, la crisis económica y la certeza de que en realidad no hay ninguna independencia qué festejar. 

Cuando era niña, el grito era más patriótico: los gachupines se encerraban en sus casas a mascullar. Ahora ya no sueñan con recuperar América, la están comprando y nadie piensa en matarlos. 

Por las calles desfilan charros negros -de mugre o de coraje-, Adelitas, chinas poblanas y émulos de Morelos con sendas panzotas que antes eran de pulquero, pero hoy son producto de las comidas chatarra. ¡Hasta nuestras lonjas han perdido la mexicanidad! ¿Quién sabe algo del Cacique Gordo de Totonacapan? ¿Quién se imagina la impresión que se llevaron Cortés y sus soldadotes cuando vieron semejante obesidad? ¡Ni quien recuerde tal pasaje de la historia! ¡Si con trabajos leemos El libro vaquero, no vamos a andar perdiendo el tiempo con Bernal Díaz y su Verdadera Historia de la Conquista! Lo más triste de todo, es que esos gordinflones que se pintan la bandera tricolor en las mejillas, no engordaron porque aspiraran a parecerse al rey gordo, que quizá sería una sílfide al lado de muchos rotoplaces modernos.
Don Angostín, en cuyas manos estuvo el dinero del país, ¿tendría conciencia de que fue el Cacique Gordo de la actualidad? Para los que pagamos impuestos, era más fácil darle la vuelta que abrazarlo, aunque esto último hubiéramos querido hacerlo con “s”. Hubiera habido carnitas para muchísima gente. 
A unos cuantos días de festejado el 199 aniversario del grito de Dolores, se añadió a la lista de personajes un par de loquitos que probablemente se sintieron reencarnaciones de Hidalgo y Allende. Profetizaron que vendrán terremotos, hambrunas, sequías y grandes calamidades. Querían avisarle al Presidente. En el nombre de Dios, uno secuestró un avión y el otro balaceó gente en la estación Balderas del metro, después de haber hecho una pinta al estilo de “…tu crianza fina, tu índole y estilo amable…”. Por lo menos esos dos hicieron lo que debió haber hecho el Padre de la Patria: llegar a la Ciudad de México. 
El miércoles 16, nuestro glorioso ejército desfiló en el Zócalo. Demostró fuerza y determinación para defender la soberanía del pueblo. Los pilotos militares tomaron providencias para que no se estrellara alguna de sus carcachas en plena festividad, como el día del avionazo en Paseo de la Reforma. Sin embargo, un paracaidista fue a dar contra el parabrisas de un carro. ¿Podía faltar acaso la versión moderna de aquel Niño Héroe que se envolvió en la bandera antes de aventarse al precipicio? Al pueblo, pan y circo. Así obrarían los gobernantes justos, pero estos que tenemos han hecho más circo que pan, ¡y son panistas! 
Con todo y crisis, se hizo un espectáculo de luz y sonido que debe haber costado unos cuantos miles de pesos. Aquellos que pudieron presenciarlo se quedaron tan extasiados como el Cura Hidalgo allá en el Cerro de las Cruces, contemplando la ciudad sin atreverse a tomarla.
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miércoles, 5 de septiembre de 2012

Los nuevos señores, los nuevos villanos


Acrobacias del asfalto

Uno
Todos los habitantes del edificio tienen mucho en común. Este lugar es donde han estado más incómodos y hostilizados, aquí han sido peor tratados y es donde más han durado. Si se pudiera pensar que el edificio les cuenta a sus inquilinos historias y más leyendas de aquellos días de abundancia, podría explicarse por qué un orgullo mal entendido ayuda a los miles de argumentos que esgrimen consigo mismos, los miembros de esa comunidad, a la hora de pensar en abandonarlo.

Bien quedaría entonces dejar escrito que aquí existen los apegos de cabreanza, en lugar de los aperos de labranza. Es decir, que los habitantes se ocupan en rumiar pendencias de antier y no en tener un oficio, o, quizá, mejor sería especificar que aquellos que se precian de ser diligentes, se desgastan en labores pesadas e inútiles como lavar ocho pisos de escaleras, escombrar y dejar los trebejos en el techo del vecino, poner gruesas estacas de piso a techo que estorban el paso más de lo que apuntalan. Todo eso en el intento de que el edificio no se haga escombros de un trancazo, pues, cual señora temperamental, amenaza con eso tantas veces como llega un temblor, pero no se cae, se ladea. Como si tuviera conciencia de las vidas que alberga, permanece recargado en una de sus cuatro esquinas. La gente ha llegado a compararlo con un padre o una madre que nunca habla en serio, físicamente fuerte, un superhéroe que los cobija y protege como Dios a sus creyentes.

Lejos quedaron aquellos días en que ondeaban sobre el heroico aluminio de la entrada las banderas de España, Argentina e Israel. Acababa de morir Francisco Franco y La Madre del Anciano que se Ostentaba Como Dueño hacía entrega de las llaves de una suite a Los Diplomáticos Madrileños que Firmaron Contrato de Arrendamiento.

Esa vez, como un presagio de lo que más adelante sería el edificio, sopló un ventarrón y se rompió el asta que sostenía la bandera de la estrella de David. Estuve a punto de quedar sepultado bajo el lábaro, pero pude refugiarme en la jardinera, bajo La Sábila, y desde ahí contemplar la rebambaramba. Hubo comentarios un poco subidos de temperatura. En otras palabras, con varias sesiones de dimes y diretes en el pasillo y el elevador, se conmemoró la vez que los reyes católicos echaron de sus dominios a los creyentes de la fe mosaica. Eso nada más para que no olvidemos que en todos lados se cuecen habas.

Todos los habitantes aseguran haber visto la pelotera del día que llegó la policía para separar a los rijosos españoles e israelitas, que, aún camino a la demarcación, iban recordándose la progenitora. Nunca se supo si uno de los argentinos había sido el embijador, pero El que no Rompe ni un Plato presume, hasta la fecha, de haber escuchado cómo se dice “chinga a tu madre” en yidish. Y convencería a mucha gente de la veracidad de sus cuitas, si no fuera porque La Vecina de Todos Ustedes Menos Mía lo echa de cabeza, al aclarar que llegó a vivir al edificio al mes de que ella se cambió, y que ni cama tenía, o sea, que de mucho departamento y dormía en el suelo, como animal. Entonces, el hombre se defiende inventando que llegó recomendado por Cantinflas, para servir de chofer a uno de los más chipocludos de Televicentroy que el patrón, por su lealtad, lo premió dejándole el departamento que ahora tiene. Quienes lo escuchan se mondan de risa, pero a sus espaldas.

El día que murió El Anciano que se Ostentaba Como Dueño, el aluminio del zaguán fue el primero –por no decir el único– en celebrar un duelo: se zafó de un lado al primer empujoncito. Después de que se hiciera añicos el cristal, demostró que no soportaba el peso absolutamente de nada, por lo que, al ponérsele unos tornillos, se tomó la opción de que permaneciera la puerta sin vidrio. No obstante, los vecinos quedaron de acuerdo con que a los rateros de la calle no se les iba a informar que en realidad no había puerta. Así las cosas, metían las llaves a la chapa y abrían y cerraban el marco, guardando la costumbre, pues, ¿qué mejor que aparentar que tenían el zaguán más limpio de todos los zaguanes de la cuadra?




Dos
Si tomamos en cuenta que se construyó en la década de los sesenta, es como una casita de papel, ¡no le ha tocado más que el terremoto del 85! En su época, mostraba el último grito de la moda arquitectónica; pero, cuando dejó de ser un lugar de polendas, para convertirse en vecindad, más o menos aceptable, todos los detalles que antes fueron percibidos como de gran belleza, resaltan ahora para acentuar la fealdad.

El aluminio de la entrada, delgado y color oro, parece que conserva su aspecto desde que el edificio quedó terminado; pero, al acercarse, es notorio que ha recibido toda clase de talladuras: con lija, con clavos, segueta, en fin, no le habíamos metido cizalla porque.., ¡pues porque a veces los seres humanos somos… somos perezosos! ¡O güevones! Para decirlo como lo dirían los pelados éstos. Y no reparamos el marco, en realidad, por tacaños. Finalmente, le apostábamos a que los nueve escalones que sirven de acceso hicieran su trabajo inspirando flojera en cualquier intruso que deseara aventurarse.

Los dichos escalones son, hasta el presente día, utilizados como banca de descanso por algunos transeúntes, en cuya presencia quedó destrozada la ilusión de la puerta diáfana. Una tarde, salió un perrito french poodle, que por su condición canina y por la urgencia que tenía, se abstuvo de abrir como era debido y saltó hacia afuera para hacer su necesidad casi en mi falda. Yo estaba ahí, con el hombre que amaba. Aunque eso nos cortó la inspiración, fue necesario encontrar, esa misma noche, a unos jovencitos fumando mariguana, encerrados en lo que había sido el elevador, para que, de inmediato, se pusiera una hoja de fibra de vidrio que ya no se rompe, que no es tan pesada pero que desentona con la estética.

Lo que realmente desentona con la estética somos nosotros. Bueno, en realidad son ellos. Yo dejé de vivir ahí. Puras envidias porque soy la única de todos ellos que tiene categoría.

En sus años mozos, el edificio no solo fue morada de embajadores, también artistas renombrados y alguna que otra prostituta de altos vuelos tuvieron el honor. El terremoto los ahuyentó y atrajo a la gente de hoy: personas de armas tomar, algunas, de plano, delincuentes, que, sea como sea, calientan la construcción. El agua circula por sus tuberías oxidadas y la luz por los alambres desgastados; los cables telefónicos palpitan una y otra vez: ¿qué importa si eso se logra con una señal robada? Tiene vida y la agradece, como el anciano que se siente reconfortado con una taza de caldo de pollo.

La fachada muestra el paso del tiempo en los balcones que, semejantes a la puerta del zaguán, no tienen el vidrio que antes les daba aspecto ultramoderno y lujoso. El número que indica la ubicación en la calle se ha caído, así como el letrero labrado en piedra, del que solo quedan las palabras: “Suites ejecutivas”.
        
Las escaleras parecen recuperar lozanía cuando les pasan cualquier artefacto de limpieza. Casi de caracol, suben y suben pisos en una espiral que quiere llegar al cielo, pero lo más que ha alcanzado es el color de las nubes. Ahí estuvo mi casa. Con esa gente de arriba nunca me pude integrar.

Aquellos de la azotea –decía la gente de abajo–, son personas irascibles. Y así era. Mirábamos retadores a los ojos altaneros de la gente vanidosa, los felices poseedores de sus inmundas pocilgas que le han quitado a sus casas, en forma definitiva, la categoría de suites, pero bien que nos miraban con la barba sobre el hombro y se referían a nosotros con palabras hirientes, como si fuéramos seres inferiores, animales con aspecto humano que no acababan de admitir que estaban ahí para servirles, porque ellos son los de los departamentos, los dignos, los que gozan de aquellos mismos espacios que alguna vez disfrutaron los prominentes de este país.






domingo, 15 de julio de 2012

ADRIAN – AGRIANA


Buenas noches, -dijo, echando hacia atrás la blonda melena, enfundada en aquel vestido negro, escotado, con elegantes mitenes. La boquilla larga se posaba de vez en cuando en los labios estrictamente delineados en rojo, y al calor del tabaco, entornaba los párpados azules de rizadas y abundantes pestañas. Estaba increíblemente hermosa.
Me llamo Adrián, pero me pueden decir Agriana. Esta es mi primera noche en mi nuevo estado. He llegado a la meta: por fin tengo una cara qué pintar, unas piernas qué enseñar, y unas nalgas qué prestar. Es maravilloso ser la encarnación de una mariguanada colectiva: la mujer siempre depuesta, ¡perdón! dispuesta, que no envejece, no se enoja, no se embaraza, no nada, porque es recatada. Realmente, es estratégico tener la posibilidad de presumir de Power Ranger y al mismo tiempo, desmayarme o echarme a llorar por cualquier cosita. Es lo más padre de la liberación femenina.
Cuando era Adrián, tenía miedo de quedarme calva, ¡ahora, hasta me pongo mis moños de vez en cuando! De chiquito, mi papá quería que fuera luchador de zumo: ahora voy a ser multípara: estoy juntando para ponerme un horno de microondas o ya de perdis un hoyo Express, y tener los bebés en nueve minutos, no como esas pinches antiguallas que se tardan nueve meses, ¡con razón hasta el trabajo les quitan! La vida es así, -chasqueó los dedos- rapidito y de buen modo, ¡flojitas y cooperando, nunca será suficiente!
Todavía la semana pasada, no podía quitarme el saco en el metro porque me confundían con ratero: ahora, todo mundo me quiere esculcar. Antes, era sólo la parte inservible de un pene, mataba el tiempo jugando dominó con mis amigos y me lavaba el cerebro leyendo Playboy; ahora lo sacrifico, leo con fruición Bárbara Cartland y puedo ser monja, casada, virgen y mártir, según conveniencia; la de él, no la mía.
A él lo conocí hace dos años, tenía una novia que resultó casada. No sabía que yo era el sancho hasta que él apareció y pasé a ser la otra. En ese momento, decidí mandar mi historia a Marie Claire, para ver si me iba a París de Luna de Miel. Mientras me imaginaba en las primeras páginas del jet set, me propuse usar Playtex con orgullo y hacer votos de obediencia, pobreza y castidad: no cumplir promesas, ni deberes, ni años; no tener hijos, ni amigas, ni dinero; no contar chismes ni contar con nadie, hasta que él me dé la certeza de que el mundo puede cambiar.
Valió la pena: ahora he podido encontrar el sentido contrario de la vida: con él he conocido lo voluptuoso de tenderme cuan larga; con su ex me tendía, pero más bien como bandido.
¿Saben? En otro tiempo, era chapado a la antigua: me escarbaban tantito y salía todo el cobre. Ahora soy una mujer liberada; en las mañanas, transito por el mundo del trabajo bien vestido, mal pagado, trashambrido y maquillado. Por la noche, pulverizo una píldora anticonceptiva con las rodillas en lugar de tomármela y hasta sueño con llegar a ser violado por un ovni Ya no hay príncipes azules y además, con esta facha, como no sea un marciano, nadie más se va a fijar en mí. Yo quería operarme en Houston, pero sólo hubo dinero para el Seguro Social. Me tengo que conformar con parecer Marilyn Monroe si hubiera llegado a vieja.
En fin, ahora que ya dejé los riesgos del Prestobarba, que logré sacarle la vuelta al cáncer de próstata y no tendré que hacerme ninguna mamografía, que puedo despernancarme igual con falda que con pantalón, he decidido hacer obras de caridad: levantar del arrollo a todas esas fans de la marginación, convencerlas de que la mujer no nace, se hace...
No pronunció la palabra “Buey”, pero la dio a entender balanceando las manos a los lados de su cara, y sacó la lengua como si fuera un niño con síndrome de Down; el delicado manicure de sus uñas nacaradas le agregaba obscenidad a la seña.
Quiero persuadirlas para que vayan a sus casas a darles de comer a sus bebés con gotero o con embudo, que empiecen a formar gente entrenada en las diferentes modalidades del tehuacanazo: gente templada, que sea capaz de aguantar vara con los judiciales, hambre con los empresarios, guerra con los granaderos, peste con la planta, de Jumex o de Pemex, no importa si muere estoicamente de sida, ébola, influenza, ¡tantas oportunidades que hay ahora para el ser humano! ¡No mueres porque no quieres, ni vives como tú quieres!
Ahora que puedo ver el amplio horizonte de mis nuevas congéneres, me gusta cómo utilizan el tiempo defendiendo el derecho de una ama de casa a trabajar de sirvienta; a eso le llaman ser feminista. ¡Ay, amigas mías! ¡Por favor, yo sé lo que les digo! Imiten a los hombres; cásense tarde, muéranse pronto, y la fuerza del Soldado Desconocido, la astucia del Judío Errante, y la prestancia del Charro Negro, estarán con ustedes.
En fin, como a la tierra donde fueres haz lo que vieres, seré pionera del narcotráfico y después de chingarle el numerito a Camelia la Texana, me volveré a operar para ser piloto, de boiler; el fuego interno nunca se debe apagar.
Realmente, no hay mucha diferencia entre llevar los pantalones y tener las enaguas bien puestas. Cuando se trata de fajar, lo mismo da que sea el cinturón que las pantaletas.
Mi papá decía “la mujer tiene la fama, y el hombre la mercancía”. Nunca entendí a qué se refirió, pero ahora soy juez y parte: ya compré toda la fama –se palmoteó los senos- la mercancía, está acá atrás. –se dio una nalgada en el amplio trasero cubierto de lentejuelas- ¡Bye, bye! –y se fue, seguida de los reflectores. Por todos lados se escuchaban aplausos.


martes, 26 de junio de 2012

Gladiador a la española


(dedicado a Rafapal)

Rigor solar, aridez. El hombre de turbante blanco, rodeado de automóviles, pancartas y aparatos de sonido, jugaba a predicar en el desierto. Lo femenino ausente, motivo de su querella, empezaba a rebelarse hasta acá, del otro lado. Del charco y de la pantalla.

Con la izquierda sostuve el audífono. Con la diestra, moví el mouse para que la imagen durara veinte minutos más. Besé con voracidad cada palabra salida de su boca: Al sistema le interesan los eunucos…  La testosterona es insumisa, por eso dicen que es mala, y como yo no quiero ser de los malos, ¡pues me hago mariquita!... ¡Nos han jodido!...  Cuanta más homosexualidad hay, peor están las relaciones entre hombres y mujeres… así que adiós, voy a meterme en el armario…

En las pancartas, destacaba el anuncio de una empresa que no llegó a constituirse por problemas entre los socios: Demoliciones Bu$hladen, S.A. Los cuatro vientos leyeron que Es el año 007 de los Iluminati, Bilderberg… Gracias al terrorismo, la pobreza no es problema… y como los cuatro vientos nunca soplan donde es pertinente, no tuve cabeza fría, no entendí  por qué, gracias al problema, la pobreza no aterroriza, ni aterriza…

La progesterona tampoco es dócil.  Asistí al hecho porque quise tener entre las manos esas mejillas impecables.  Busqué reflejo en los ojos tristes, fuertes, escrutadores. Ya no pude tener ni una duda cuando quise adivinar su olor, me vi acariciándole el cuello y conté, como si fuera un rosario, los eslabones de la cadena que sostenía su dije.




 Click del mouse. Enfundado en un abrigo gris y unos gruesos pantalones negros, el hombre del turbante blanco había pasado a ser de la boina roja. Pensé en un gorro frigio. Y tuve la frivolidad de traer a la mente una música de zarzuela, mientras en el vídeo, toda la gente marchaba en protesta por el 11M.

Por la calle de Alcalá/ con la falda almidoná/ y los nardos apoyaos en la cadera/ la florista viene y va/ y sonríe descará… se confundió con los gritos ¡NO FUE LA ETA, LO HIZO LA OTAN..!

Una vez más, me di banquete de palabras: Pues yo soy Rafael Palacios, me conocen como Rafapal en Internet, y bueno, hoy es el día que la derecha y la izquierda se unen, en este caso en España, para decir qué es la verdad de qué es lo que pasa con el terrorismo… El buen mozo no me ve, ni me dice venga usted a ponerme en la solapa lo que quiera…

Otro dedazo. Sin gorra ni turbante, en su palacio, tal como dijo la reportera que lo entrevistó, parecía un rey. Con ropa cómoda, de invierno,  sentado con las piernas cruzadas, en una posición de yoga cercana a la flor de loto, amenazó con levitar por encima del sofá.  Entonces, decretó: Cualquier dios que se diga como tal y que solo sea dios para un cierto grupo de personas, ontológicamente no puede ser el dios verdadero. Flechazo. Directo y a la cabeza. Hice a un lado cualquier pensamiento de celos. ¡No era yo la mujer que estaba sentada a su lado en el vídeo, y punto!

Hay algo de verdad en lo que escuché de la fobia al sexo opuesto. Y a las jerarquías. Pero más enseñaron con sus cuerpos. Ella, con la pierna izquierda cruzada sobre la derecha, avanzó en el diálogo con su muleta de cambiar un poco de tema, y ya para terminar un poco, y el micrófono, como la florista de Alcalá, iba y venía. La reportera hurgó en el ambiente con la mano libre. Hizo juegos malabares y encontró nuevas ideas para seguir conversando.




Mi amigo el mouse, me llevó a otro sitio. Una entrevista del hombre de mis deseos a un argentino raro. El único humilde que debe existir. Rafapal formuló la primera pregunta para José Luis Parise: Bueno, eh… estamos en el dos mil once… el dos mil diez fue el… yo creo, el Año Nassim Haramein en las redes de conciencia…  del planeta, pues apareció ese… ese ser, con esa cantidad de información a caballo entre la ciencia y la mística y… bueno, aquí como en el mundo, digamos…

¡Nassim! ¡Haramein! Dos palabras que me sonaron a clave, ¡del árabe o del hebreo! Las conversaciones entre hombres suelen ser herméticas y las mujeres, a menudo, tenemos que violar el hermetismo.

La entrevista, pese a estar publicada en Internet, era muy íntima. Tuve la sensación de estar escuchando detrás de la puerta algo que no me correspondía. Es delicioso oír hablar a los hombres. Y doloroso aceptar que nunca han departido con nosotras con ese mismo respeto.

 Nassim Haramein es un fisicomatemático suizo que da conferencias por todo el globo terráqueo acerca de fractales, geometría analítica y todas esas cosas por las que me reprobaron en preparatoria. Él habla de átomos y física cuántica como si estuviera dando una función de comedia stand up.  Si los profesores fueran así de divertidos, no se si a todo mundo le gustaran los números, pero estoy segura de que nadie reprobaría.


La entrevista Parise-Palacios transcurrió serena. Rostros complacidos, sonrisas, interés mutuo, cercanía emocional. Ambos narraron anécdotas de sus respectivas iniciaciones en el camino del conocimiento esotérico. Tuvieron encuentros significativos con animales. José Luis con un toro y mi amor platónico, en su viaje a La India, con un mono que se comió la punta de uno de sus zapatos. Empecé a imaginar dónde le hubiera dado a él la mordida, de haber sido yo ese animal.

Cambió la imagen. Y el audio. Un alarido puso ante mí a Rafapal con el torso desnudo, acostado en un tapete sobre dos tablas.

El psicólogo venido a curandero, le pasó las manos por encima de los ojos, ¡y lo cacheteó! No lo podía creer. El hombre especializado en armar pollos en los aeropuertos, bramaba, obediente, ¡y se dejaba golpear! ¡Tenía que entender por qué, aunque eso implicara olvidar la fantasía de hundir la nariz en el vellón de su panza! Aunque ya no le pasara los labios por ahí del ombligo… ni acariciara su cintura…

 Antonio Calderón pasó una y otra vez las yemas de los dedos en el cuerpo rafapaliano, hasta que salieron vivencias de otras épocas: latigazos en la espalda, a la altura del hombro derecho,  huellas de una cuerda en el cuello y un hachazo por el rumbo del diafragma, todo eso recibido y soportado como combatiente.

Rafael Palacios mencionó a Espartaco. ¿Quién pudo haber sido, si es que vivió en ese tiempo de esclavos y gladiadores? Mi cachondez propuso que me sintiera Varinia, que me asumiera acostada bocabajo, sobre él, y le susurrara al oído: Aguanta, aguanta un poco, que te lo quitan de una vez y por toda la eternidad…


martes, 20 de septiembre de 2011

Palabras de órdago.

C
Cabra

"Se le van las cabras". En la familia no era habitual esta expresión, en realidad ni siquiera se le conocía. La oí decir fuera de casa. Se dice de todas las personas que enloquecen y se dice así, que se les fueron las cabras. Viéndolo bien, es una expresión dulce y decente.

Como nosotros estábamos locos, pues fácil es suponer que ni siquiera nos diésemos cuenta de que nuestro ganado se había ido a pastar a quién sabe dónde y cuando reparábamos en que faltaban algunas cabezas, salíamos a buscarlas. Entonces aparecían animales de todo mundo, menos los nuestros. Esos, si no regresaban solos, eran hallados por la mamá o la tía, y si eran cabras confidenciales, se armaba la de Dios es Cristo.

Lo mismo ocurría cuando mis hermanos o yo encontrábamos algún ejemplar desbalagado de la abuela o de papá. Nos ponían como campeones por estar descobijando en público a los próceres insignes del recinto familiar. Pero eso nada más ocurría cuando intentábamos hacer cambalache. Ya se sabe que, entre hermanos, los pleitos están a la orden del día.

Con la prohibición de cabrearse convivíamos cabreados, en atmósfera cabreante. Tuve que ser muy cabrona para ya no pastorear, pues a aquel que decidía que no quería ser cabrero, le daban de cabronazos o se iba de cabroncete a encontrar un cabronzuelo, muy cabronamente dócil, o dócilmente cabrón.

Se sabe ya que las cabras son mamíferos, rumiantes. Se dice que son rebeldes, ¡pero si son de corral! Igualito a ser borrego, pero con cuernos y ya.

miércoles, 27 de julio de 2011

Dos que tres mensonerías

Una sociedad secreta que solo existe 
en la imaginación colectiva 
es tan importante como la que responde 
a una realidad específica. 
Jean Robin.
                                                                                                    
El nacimiento de una sociedad secreta pretende satisfacer necesidades de orden mítico y reflejar, en nuestro aquí y ahora cambiante e ilusorio, un más allá inmutable. El aspecto tenebroso que suele adjudicársele a una agrupación de esta índole, depende del inconsciente colectivo, pero en los países que profesan la fe católica, donde la masonería ejerce una enorme fascinación en las altas jerarquías sacerdotales, la noción de que es pecado militar en ella, entra en conflicto con la idea de que no se puede progresar en lo económico y lo social si no se busca la pertenencia al grupo adecuado.


De acuerdo con Jean Robin, hay dos tipos de masonería: una auténtica y realmente liberal y otra creada por las altas jerarquías católicas para preservar su poder, luego entonces, las sociedades secretas católicas se formaron con fines teocráticos,  hegemónicos y excluyentes. En ellas no puede estar nadie cuyas vidas, conductas y profesiones se encuentren fuera de los cánones de moral dictados por el Vaticano. Son poderosísimas, al grado que en ciudades enteras han creado entornos culpígenos, que son causa de que la gente busque, a toda costa, negar y omitir para dar la apariencia, donde la única certeza que se tiene es que en cualquier descuido, se recibirá maldad de la gente.
         
En la época del gran furor esotérico, es decir a finales del siglo XIX y principios del XX, gobernaba en México Porfirio Díaz, todo estaba afrancesado y es muy probable que las sociedades secretas mexicanas de aquellos años, católicas o no, hayan recibido la influencia de grupos como “El Abetal”, de maestros como René Guénon, mentor de Jean Robin.
         
A pesar de que ya se le había dado muerte a Maximiliano, de que Ignacio Zaragoza había ganado la batalla del 5 de Mayo y la Guerra de los Pasteles había quedado en el bote de la basura, Francia y lo francés continuaban vivitos y coleando en los corazones de México y los mexicanos.
         
Creo que la causa por la que es tan inquietante la idea de una sociedad secreta, radica en la imaginería popular. Una de las fantasías que circulan  consiste en pensar que al aspirante se le dice que el contacto con el grupo no lo hará rico ni poderoso y, sin embargo, los antiguos, a medida que van subiendo de grado, obtienen riqueza y poder.
         
No se puede negar la influencia de estas asociaciones aún entre los que no pertenecemos a ellas, ¿cuántas personas no van por la vida diciendo que no quieren o que no les interesa precisamente aquello que andan buscando y a lo que dedican todos sus esfuerzos?
         
Las sociedades secretas han existido desde tiempos remotos porque, para las clases que detentan el poder económico y político, ha sido imperativo ejercer un control sobre la gente, a veces, incluso, sobre reyes y señores feudales. El motivo que las ha gestado es buscar la eficacia en los medios de control que se vayan inventando. Su verdadero papel es el de guardianas del ascenso social, encargarse de frenar o permitir el paso de quienes convenga.
         
De los libros que hablan de ellas se desprende que, cuando es posible decir algo con conocimiento de causa, es porque el grupo reseñado fracasó en la misión que le fue encomendada; no se percibe una intención de desenmascarar para destruir, sino nada más medio explicar cómo están hechas la trama y la urdimbre, y que cada lector vea, o se imagine, en qué sitio está parado, pues el mundo heredó, en todas las actividades, la forma de ser y comportarse de una suciedad excreta.




miércoles, 25 de mayo de 2011

Palabras de Órdago B

Palabras de Órdago B

Bárbaro
Escuchar “¡qué bárbaro (a)!” en casa, era la señal de que algo estaba pasando. Cuando no era mi madre, eran las tías y si no, las sirvientas. Como lo decían siempre que les impresionaba algo, entendí que bárbaro es lo que destaca. Por muy bueno, o por muy malo.
Curiosamente, papá y Alejandro jamás la pronunciaron. Creo que para ellos nada era bárbaro. Tal vez tenían chance de usar expresiones más enjundiosas. Para ellos, los hombres tenían derecho a las groserías, siempre y cuando las dijeran con cara de palo.
El acabose fue cuando tuve, en la escuela, una compañera Bárbara. Nunca entendí por qué sus padres le pusieron así. Hay nombres propios que más parecen apodos. La misoginia se manifiesta en formas muy sutiles. No es gratuito que una palabra que significa formidable, extraordinario, extranjero, inculto, grosero y cruel, sea nombre de mujer.

Barrio
Para mamá sería una ofensa si yo hablara del barrio en el que vivo. Siempre se nos dio a entender, a mis hermanos y a mí, que un barrio era un lugar pobre y que toda la gente que vivía en un barrio era menesterosa y desgraciada. Peor tantito cuando me di cuenta de que a los panteones les dicen “el otro barrio”. Mandar a alguien al otro barrio significa matarle.
Las palabras se vuelven groserías en la proporción en que sacan a relucir situaciones de carencia económica, afectiva, o simplemente, no tener vida.

Bemoles
En música, “bemoles” son las notas intermedias en una escala ascendente. Cuando la escala va en sentido contrario, esas mismas notas se llaman “sostenidos”. La presencia de bemoles y sostenidos en una partitura, determina el grado de dificultad de ejecución de una pieza.
En casa se usaba la palabra “bemol” para remarcar que algo era difícil de conseguir. Al oír hablar a los adultos de la familia de cosas que tienen bemoles, me echaba a temblar. Creo que eso fue lo que cooperó para que no pudiera aprender nada de piano, pues al decir la maestra, en la escuela, “¡fíjate bien, aquí tiene un bemol!”, yo ya no ataba ni desataba. ¡Y pensar que en casa nunca vieron el tablero completo! En la vida todo tiene bemoles y sostenidos, pero no es nada que no podamos resolver.

Barbaján
En casa había tal violencia, que creía que esta palabra era el nombre de papá. De acuerdo con el diccionario, todavía en mis años de infancia se usaba en México y Cuba para referirse a un hombre rústico, es decir, un campesino.
Hoy en día poco se le oye y cuando alguien la dice, es para señalar a un hombre grosero y desconsiderado en su trato con las mujeres. Que ese era el significado con el que más me familiaricé, mamá se encargó de ello.
Papá era hijo de campesinos. Ricos, pero no urbanizados. Al venirme a la mente la cara encabronada de mamá llamándolo barbaján, ya no se si en verdad le reclamaba por alguna grosería o simplemente le estaba echando en cara su origen campirano.

Bestia
Se dice de la persona cuyos atributos son el uso de palabras o modales groseros, echar mano de la fuerza antes que de otra cualidad. Torpeza e ignorancia. Dominado por cualquier instinto.
Se usa como insulto para destacar cualquier detalle que acerque al insultado a la condición de animal. Luego entonces, el regalito puede llevárselo quien tenga robustez, fuerza y una gran musculatura, impulsividad, ¡cualidades a lo bestia!
Papá y mamá hacían mucho hincapié en la nutrición, en lo que nos daban de comer, en lo fuertes y bien dadotes que estábamos mis hermanos y yo. Para ellos éramos tremendos, descomunales, magníficos, extraordinarios, impresionantes, formidables, estupendos, para bien o para mal. Y teníamos que ser forzosamente bestiales. Las medias tintas ahí jamás funcionaron.

Braguetazo
Golpe dado con la bragueta. En realidad esa es la definición tal cual. Nada tendría qué ver la boda de un hombre pobre con una mujer rica y/o de clase social más elevada, si “Braguetazo” no fuera derivado de bragueta, que es la abertura del pantalón, palabra embarrada de un tabú, por que da la casualidad de que la abertura, en pantalones para hombres, es delantera para que ellos no tengan dificultades al momento de orinar, un motivo práctico.
¡Pero qué caro ha pagado “bragueta” el haber sido designada la puerta de fácil acceso a los genitales masculinos! Eso ha convertido en groserías a todos los miembros de su familia. Ser un hombre de bragueta, por ejemplo, tiene dos significados: cogelón o muy valiente. Y como ya conocemos la inclinación de los seres humanos por señalar el defecto, pues el concepto más socorrido es fácil de suponer. Lo mismo ocurre con “braguetero”. ¿Por qué quiere decir lujurioso o mujeriego, si bien podría ser obrero especialista en la fabricación de braguetas?
En corte y confección, tienen bragueta las faldas además de los pantalones y no solamente es la abertura delantera; puede ir a la izquierda o por detrás.

Bruto
En una familia como la mía, el que se conduce con brutalidad es quien llena las expectativas de lo que mamá, o papá, o cualquier adulto, espera del comportamiento de un menor. Aunque se plantee la alternativa de ser muy neto, se procede a la exclusión de quien la elige.
En la vida también se precisa del adorno, de la parafernalia que ayude a salir por peteneras, para ser irracional cuando conviene y brutear un poco, o más bien, hacerlo en la medida que se quiera parecer intelectual.
Mis hermanos y yo no fuimos en realidad hijos de familia, sino más bien una especie de producto interno bruto. Diamantes en bruto, decían a veces mamá y la abuela, cuando trataban de convencernos de que éramos necios, incapaces, toscos, pero eso sí, ¡brutales!

Burrada
Papá me enseñó la palabra. Para él, todos mis alcances se reducían a hacer burradas. Mis logros no podían tener otro nombre. Entonces, lo comencé a burrear. Lo supe la primera vez que lo imité y mis hermanos me servían de público. Aún conservo la posibilidad de hacer la voz que me sirvió para arremedarlo: “Además, yo no estoy pintado. Me tienen que pedir permiso”.
Mis hermanos tenían los ojos del tamaño de un plato cuando llegó papá. Todo se esperaban, menos lo que pasó: estaba muerto de risa, pero quería parecer enojado y entonces dijo: “Muy bonito”, me dio un beso y nos llamó a cenar.

Buscona
Esta palabra pertenece a la familia del verbo buscar. Es claro, entonces, que todavía está muy mal visto que una mujer haga diligencias para encontrar algo, porque puede resultar irritante y provocar el caos en la vida de quienes la rodean.
Especialmente irritante y provocativa para los hombres que se acercan con intenciones ocultas, porque quieren las ventajas de tener una compañera, pero sin asumir los riesgos de la convivencia.
Indagar, pesquisar, explorar, registrar, hurgar, sondear, investigar, inquirir y escudriñar son cosas que una no debe hacer, so pena de perder el estilo, ¡dejar de ser femenina y decente! Pero sin una ración, aunque sea pulguística de busconería, no habría mujer que tuviera oficio al lado de ningún señor.